LAS PITAHAYAS EN LAS ARTES PLÁSTICAS, LA HISTORIA Y LA LITERATURA.

ADOLFO RODRIGUEZ CANTO

LAS PITAHAYAS EN LAS ARTES PLÁSTICAS, LA HISTORIA Y LA LITERATURA.

Jesús Solís Alpuche.

Linda flor de pitahaya,

Blanca flor de saramuyo

Por muy lejos que me vaya

Mi corazón será tuyo.

Dedicado a los productores yucatecos con quien inició el impulso del cultivo de la pitahaya, como parte de su trabajo académico en el Centro Regional Peninsular de la Universidad de Chapingo, y a los productores de Nicaragua, Colombia y Guatemala, el Dr. Adolfo Rodríguez Canto, este año, ha publicado bajo los auspicios de la Universidad Autónoma de Chapingo, la magnífica edición de “Las Pitahayas en las artes plásticas, la historia y la literatura“. 198 páginas con paisajes y plantaciones de pitahaya, fotos y pinturas de flores, frutos, así como una extraordinaria narrativa respecto a la planta de escritores como Miguel Ángel Asturias, André Breton y Jack London. La riqueza de contenido nos ofrece datos y direcciones de artistas plásticos como la australiana Fiona McKinnon, o las mexicanas Frida Kahlo (www.fridakahlofans,com), Nery Falconi, amiga nuestra (nerifalconiv@hotmail.com) entre los grandes artistas que se han inspirado en la fruta.

En los años 90s del Siglo pasado, fuimos los primeros en embarcarnos en la Aventura de domesticar la pitahaya en plantaciones en Yucatán. La reforma estructural en materia agraria, determinó cambios en las formas de producción en el campo mexicano y nuevas expectativas despertaron con el Tratado de Libre Comercio (TLCAL) firmado por nuestro país, con Estados Unidos y el Canadá. La fibra de henequén cayó en el mercado mundial, había que buscar alternativas. Lástima que entre amplios sectores de productores, así como despertaron esas expectativas, volvieron a dormirse, o de plano murieron.



Con la intervención de Estados Unidos y Canadá, se inició la libre movilidad de mercancías y capitales que desvalorizó la fuerza de trabajo, se transfirió la industria al 3er mundo, debilitando a los Estados y a las organizaciones productivas colectivistas y sociales, como el ejido, al aceptar la centralización de la producción de granos y otros alimentos, que en manos de los grandes centros de poder, que les sirve de estrategia de sometimiento y dependencia hacia los países en vías de desarrollo.

Así nuestro proyecto de soberanía alimentaria es abandonando por las importaciones de alimentos básicos, no hay inversión privada hacia el campo, e incluso los campesinos lo abandonan, ante la falta de créditos y garantías en los precios de su producción.

Pero el desmantelamiento de los estados de bienestar agrario, en México y en el 3er mundo, no pueden adormecer el espíritu. Y la pitahaya es una fruta emblemática que asume el reto a través del tiempo, no sólo de los literatos, sino también de los artistas plástico y de la historia para remover conciencias a través de las letras, el lente y la memoria de transición mesoamericana, de la fruta “chac Wob” nuestra, a la fruta del dragón asiática.

Adolfo Rodríguez Canto, yucateco de pura cepa, oriundo de Maxcanú, con Maestría en Sociología Rural y Doctorado en ciencias agrarias, investigador, egresado de la Universidad de Chapingo, tiene el cuidado de acopiar, de las diversas fuentes y maneras en que los artistas materializan su percepción de esta fruta exquisita para la vista y la salud como alimento, cuyo estudio le ha fascinado y como


El Dr. Rodriguez Canto, Adriana de Castro Correa da Silva de la Universidad profesional le ha dedicado gran


Estatal Paulista UNESP-Jabotical, SP, Brasil, y Jesús Solís Alpuche en
Kinchil parte de su vida.

Planta y fruta de relevancia que al menos 140 artistas plásticos, de 31 países se han inspirado en sus formas y colores para sus pinturas, fotos, dibujos, tallados y grabados. Espiritualidad viva, que el Investigador Rodriguez Canto conjunta con crónicas desde 1494, como la de Pedro Martir de Anglería, hasta Gustavo Arboleda de 1928.


Adolfo reúne el trabajo de más de 140 artistas plásticos de 31 países que ponen al alcance del público más de 200 maravillosas imágenes de la planta, sus flores y frutas. Así como narraciones y poemas que aluden y exaltan la belleza y bondad de la cactácea que ya es universal y forma parte de la cultura tanto en América como en varios países asiáticos.

Literatura y canciones a la fruta “Tropicalmente mía” como las de Clemente López Trujillo que la llama “Oh tu color, oh tus matices varios. Tus veinte mil retinas –vértices de tus ojos apagados- en tu carne hormiguean como relámpagos: flor y fruto… Relámpago bicolor”.

La Pitahaya y el fuego de Jorge Eliecer Rothschuh, poeta nicaraguece escribió: “… Siglos festejan al fruto primitivo. Cabeza de Vaca, el español, vio alegres tribus en ella contentarse. Alimento del perdido, consuelo del hambriento, mito y ritual en el tiangue de los mayas. La pitahaya abastece el fuego de oriente”.


Leyenda de la fruta del dragón en Viet Nam: Hace miles de años los dragones de fuego crearon la fruta del dragón. Durante las batallas, cuando los dragones escupían fuego, lo último en salir era el fruto de la pitahaya. Cuando por fin el dragón era aniquilado el fruto se recogía y se presentaba al emperador como un indicio de la victoria y, como tal, era un tesoro muy preciado. El dragón muerto era comido por los soldados victoriosos. Se creía que al comer la carne del dragón se adquiría su fuerza y ferocidad. De hecho se decía que la carne de la base de la cola del dragón, desde donde se origina el fuego, era la más dulce y de mejor sabor. Y precisamente el gusto por esa carne es lo que ocasionaría la destrucción de todos los dragones.

Para Adolfo, “esta contribución, que al principio fue accesorio y decorativo pasó a ser lo fundamental: las obras de arte y sus autores en primer lugar. Toda vez que representan y recrean a la planta y sus partes, su entorno ecológico y su relación con los pueblos y su historia.”

“La Conservación, el mejoramiento y la diversificación de formas del aprovechamiento de las pitahayas son imprescindibles. Pero las miradas desde las artes plásticas, la historia y la literatura también son necesarias, además de placenteras. Estas miradas igualmente pueden contribuir a hacer aún más patente la importancia de este recurso fitogenético. Y ese es el propósito del libro”. chantzacan@hotmail.com

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